Los miembros del MMTC están presentes Sobre el terreno de la solidaridad

Tsunami

El pasado 26 de diciembre de 2004, el mundo descubría con horror las imágenes de los estragos causados en el sudeste asiático por un maremoto de una amplitud excepcional. La inmensidad de los daños propició rápidamente un extraordinario movimiento de solidaridad, que se reprodujo en todos los rincones del mundo. Los movimientos de Trabajadores Cristianos de la India y de Sri Lanka (CWM, por sus siglas en inglés) no se quedaron atrás: desde los primeros días, estuvieron presentes sobre el terreno de la solidaridad en las zonas siniestradas de sus respectivos países.

En seguida, los miembros del MMTC de la India y de Sri Lanka tomaron diferentes iniciativas concretas para ayudar a las víctimas:

  • Recogida, en las unidades parroquiales y diocesanas, de donaciones en metálico y de ropa;
  • Transporte de los supervivientes a los campos de refugiados;
  • Distribución de alimentos, agua y prendas de vestir proporcionados por la población;
  • Reagrupación y enterramiento de cadáveres, en colaboración con el clero y con los servicios administrativos locales;
  • Colaboración con el equipo médico para asistir a las víctimas;
  • Recopilación de información y de estadísticas relativas a las pérdidas y a las necesidades de las víctimas;
  • Presentación al gobierno de estos informes para hacer un seguimiento de las actividades.

En el Estado de Tamil Nadu, en la India, los pueblos costeros figuran en el apartado de las zonas más afectadas. Los pequeños pescadores que viven exclusivamente de esta actividad se han visto particularmente afectados. Carecen de formación y están marginados y pertenecen a grupos de trabajadores mal organizados. La mayoría son cristianos.

El tsunami sembró la muerte en su entorno y les hizo perder a numerosos seres queridos. Además, les privó de todos sus bienes: no sólo barcos y redes, también muebles, joyas, dinero, material escolar, etcétera.
Estos pescadores fueron entonces acogidos en los campos de refugiados, instalados la mayor parte de las veces en iglesias católicas, campus escolares, salas de boda o incluso en espacios abiertos. El ejercito, la policía, el cuerpo de bomberos, las ONG y los movimientos sociales, como el MMTC, se implicaron, día y noche, en acciones de solidaridad.

Nuestros miembros del distrito de Kumbakonam se sumaron a esta corriente y se desplazaron provistos de medicamentos y con siete médicos, a la zona de Nagapattinam donde desde el 27 de diciembre de 2004 han podido ayudar a más de 3.000 personas a las que han prestado primeros auxilios. A fin de prevenir las epidemias, también distribuyeron más de diez sacos de cloruro de cal y de cal en los pueblos afectados de este distrito.

En Velankanni, durante más de cuatro días, nuestros miembros de Kumbakonam y de Thanjavur trabajaron conjuntamente en la búsqueda de cuerpos y su posterior enterramiento. Otros miembros de otras diócesis organizaron recogidas de ropa y de material de primera necesidad, además de donaciones en metálico, para distribuir esta ayuda inmediata en favor de los pescadores afectados.

Hoy en día, una vez transcurrida esta etapa urgente, la acción y la solidaridad deben proseguir para rehabilitar estas zonas. Las personas afectadas necesitan apoyo para volver a empezar una nueva vida. Los gobiernos de los Estados afectados han anunciado su intención de construir pequeñas viviendas y de suministrar barcos y redes a los pescadores. Sin embargo, todo esto se hará de forma progresiva.

Frente a esta situación, los miembros del MMTC de la India perseveran en su implicación en la reconstrucción. Así, y habida cuenta de sus limitaciones, han concentrado sus esfuerzos en diez pueblos. Aportan asistencia prioritaria a las mujeres y a los niños.
Organizan una asistencia especializada dirigida a personas traumatizadas por el tsunami. Esta ayuda psicológica permite a los niños reiniciar y concentrarse en sus estudios  y a los pescadores, librarse del miedo al mar, para que puedan volver a trabajar y a la población, consumir pescado de nuevo, para que los pescadores puedan vender el producto de su trabajo.

Además de esta asistencia especializada, nuestros miembros de la India prosiguen la recogida de donaciones individuales y colectivas en favor de las victimas para:

  • equipar con material y uniforme escolares a cien estudiantes de 5 a 16 años;
  • abastecer a cien familias de cloruro de cal, ropa, mantas y otros utensilios;
  • conceder una ayuda financiera a seis familias de luto;
  • reparar las viviendas de 26 familias y suministrarles redes;
  • publicar y difundir carteles y folletos de sensibilización e información para apoyar y acompañar a la población en su retorno a la vida cotidiana.

En lo que a Sri Lanka se refiere, un estudio reciente ha revelado que más de 276.000 personas perdieron su trabajo como consecuencia del tsunami. Las pequeñas empresas se han visto particularmente afectadas, sobre todo aquéllas que ejercían su actividad en el sector de la pesca, la elaboración de pescado seco, la transformación de productos alimentarios, etcétera.

Por otro lado, la mayoría de los supervivientes han perdido sus documentos de identidad, además de otros documentos oficiales como sus partidas de nacimiento y sus títulos. Nuestros miembros les han acompañado en el transcurso de los procedimientos necesarios para obtener nueva documentación o duplicados.

En Negombo, Munnakkaraya, Kuttiduwa, Matara, Kuda Payagala, al norte de Payagala y de Katukurunda, nuestros miembros, además de contribuir a la distribución de alimentos y de agua potable, han ayudado a las familias de pescadores a relanzar sus microproyectos (secado de pescado, avicultura, etcétera). Asimismo, han adquirido y repartido bicicletas a diferentes personas para permitirles retomar sus actividades de venta de puerta a puerta de pescado o verdura.

El movimiento también se ha preocupado de la suerte que corrían los niños refugiados en los campos: les han suministrado libros, uniformes, carteras y otro equipamiento para que pudieran ir a la escuela. En esas circunstancias, no obstante, la ayuda material no bastaba siempre, ya que el trauma psicológico podía estar bien presente. Ahora bien, los niños no siempre describen sus emociones con exactitud. De ahí que nuestros miembros les ofrecieran también otros medios de expresión alternativos, como canciones y bailes, para que pudieran descubrir posibles signos de traumas psicológicos, porque cuando uno está afectado, no se siente libre para cantar y bailar…

La generosidad que se puso de manifiesto por todo el mundo como consecuencia de esta catástrofe sustenta a los miembros del movimiento y les anima a llevar a cabo un mejor acompañamiento sobre el terreno y responsabilizarse de las poblaciones afectadas. ¡Es el milagro de la solidaridad!

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