Caminos de esperanza por un trabajo digno en una nueva sociedad


Por culpa de la globalización de la economía, las multinacionales, protegidas por tratados continentales e internacionales de gran calado y actuando a nivel mundial, han logrado un poder como nunca antes se había conocido en la historia. No sólo controlan los mercados, sino que también están influenciando las condiciones que rigen la vida económica de la mayor parte de los países a nivel internacional. De esta forma, en diferentes países, los ministros de un gobierno deciden –en el seno de organizaciones como la Organización Internacional del Trabajo– adoptar normas que protejan a los trabajadores y a las trabajadoras y, al mismo tiempo, promulgan –en la Organización Mundial del Comercio– otra reglamentación que impide la aplicación de aquellas normas que protegían a los trabajadores y a las trabajadoras. En este contexto, se cede siempre la prioridad a las reglas del juego económico, que se consideran como parte de los derechos humanos. La economía globalizada pone a los Estados cada vez en mayor medida a su servicio. Hoy asistimos a la socialización de las pérdidas, que son soportadas por el conjunto de la población, y a la privatización de los beneficios en favor de una minoría.

Los servicios públicos sufren ataques de todos los frentes. Hay un gran riesgo de que sean privatizados, incluyendo los servicios en materia de educación y sanidad. El reinado de la corrupción tiende igualmente a extenderse.
Este desarrollo conlleva la pobreza extrema en la que deben vivir cada vez más personas. Así, más de dos mil millones de personas sobreviven con menos de 1 $. Según las cifras obtenidas por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, «Informe sobre Desarrollo Humano 2002»), el porcentaje de la humanidad más rico (1 %) goza de unos ingresos equivalentes a los del 57 % de la población mundial más pobre. Los ingresos de la población más rica de los Estados Unidos (10 %) corresponden al 43 % de los de la población mundial más pobre; es decir, que 25 millones de habitantes de los Estados Unidos tienen actualmente los mismos ingresos que aproximadamente las dos mil millones de personas más pobres de este mundo.

Un trabajo digno para todos

Un trabajo digno significa Pleno Empleo, Respeto de los Derechos de los Trabajadores, Protección Social, incluyendo pensiones dignas para las personas mayores, y también Igualdad entre los hombres y las mujeres, así como el acceso a servicios públicos de calidad.
Así pues, cuando el Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos hace un llamamiento por un "Trabajo digno en un nueva sociedad", está reclamando que el Trabajo Digno esté en el corazón de la política social y económica, de forma que pueda convertirse en la piedra angular de una sociedad justa, democrática y participativa. Es una cuestión de Justicia Social.

Una nueva sociedad en gestación

En este contexto, la solidaridad entre los trabajadores del Norte y del Sur es indispensable para la creación y la promoción de un trabajo digno, de manera que todos los trabajadores y sus familias puedan beneficiarse de una calidad de vida decente y digna.