MENSAJE DEL MMTC PARA EL DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES 2026
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Mouvement Mondial des Travailleurs Chrétiens World Movement of Christian Workers Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos Weltbewegung Christlicher Arbeitnehmer |
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MENSAJE DEL MMTC PARA EL DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES 2026
En la celebración del Día Internacional de las Mujeres, el Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) rinde homenaje a las trabajadoras que, con dedicación y amor, se entregan al bienestar de sus familias y a la sociedad en su conjunto. Sin embargo, no podemos pasar por alto las condiciones laborales injustas, la discriminación y las violencias que aún enfrentan demasiadas mujeres en el mundo.
Celebramos los avances significativos alcanzados por las mujeres en su búsqueda de autonomía y resiliencia. La toma de conciencia de sus capacidades y el fortalecimiento de su confianza las impulsan cada día más hacia la transformación y la gestión de nuestras sociedades.
Con motivo del Día Internacional de las Mujeres 2026, queremos que el testimonio de Joëlle, miembro del movimiento de Reunión, ilumine nuestra reflexión e inspire nuestras futuras acciones en favor de la autonomía de las mujeres en el mundo.
Herencia de Mujeres Combatientes
Mi madre vivió según un modelo tradicional, asumiendo la gestión del hogar y la educación de los hijos, dependiendo económicamente de su esposo. Al fallecer él de manera repentina, ella se enfrentó a una extrema precariedad. Para sobrevivir, aceptó trabajos arduos sin quejarse, asumiendo la carga familiar y confiando en Dios. Esta situación, común a muchas mujeres, revela cómo la falta de autonomía económica las debilita ante las adversidades de la vida.
Yo me beneficié de un contexto social diferente. La educación me brindó la oportunidad de acceder a un empleo y tomar control de mi destino; experimenté la emancipación femenina. Casada a una edad temprana y madre de tres hijos, ingresé al mundo laboral para sostener a mi familia, ya que mi marido estaba desempleado. Mi compromiso, seriedad y habilidades me permitieron obtener rápidamente un contrato indefinido y avanzar a un puesto mejor remunerado. A pesar de la carga familiar, retomé mis estudios y obtuve el bachillerato.
Al postularme para estudios superiores, experimenté mi primera discriminación cuando mi supervisor se opuso a mi candidatura, considerándola menos prioritaria, lo que refleja las desiguales condiciones de trabajo que aún persisten. Más tarde, durante una promoción interna, fui excluida a pesar de mis buenos resultados. Comprendí que mis compromisos sindicales no eran bien vistos, y que criterios implícitos relacionados con la apariencia y la belleza nos recuerdan que las mujeres son a menudo evaluadas por su imagen antes que por sus competencias.
Como única mujer elegida en el comité de empresa, observé cómo los espacios de decisión siguen dominados por hombres. Mi compromiso sindical me impone presiones y responsabilidades, pero también me permite defender a los trabajadores durante un plan social, mejorar las condiciones laborales y luchar contra las desigualdades salariales.
Simultáneamente, mi vida cotidiana está llena de responsabilidades: gestionar el hogar, educar a mis tres hijos y cuidar de mi madre anciana. Esta “doble jornada”, asumida en gran medida por mujeres, refleja la desigualdad en la distribución de las tareas domésticas y familiares, a pesar de la creciente participación femenina en el mercado laboral.
Esta vida no es solo la mía; es la de millones de mujeres en mi país y en el mundo. Ya sea en el hogar o fuera de él, las mujeres son pilares esenciales, demasiado a menudo confrontadas con la injusticia, la precariedad y la discriminación. Nuestra fuerza radica en nuestra perseverancia, dignidad y belleza interior, muy lejos de los criterios superficiales que la sociedad impone.
A pesar de la modernización de nuestra sociedad, la necesidad de reforzar los derechos de las mujeres, de denunciar las discriminaciones profesionales y de reconocer plenamente su papel, a menudo invisible pero imprescindible en la sociedad, sigue siendo actual.
Joëlle,
Miembro del MTKR (MTC Reunión)
MENSAJE DEL MMTC PARA LA JORNADA INTERNACIONAL DE LOS MIGRANTES 2025
Nunca dejaremos de repetirlo: el fenómeno migratorio actual pone de relieve la situación desastrosa de las condiciones de vida de nuestra época, ya que los migrantes huyen con frecuencia de situaciones de injusticia y de ausencia de perspectivas de desarrollo. Para el Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC), la celebración de la Jornada Internacional de los Migrantes es un momento fuerte que nos invita a unirnos a todas las fuerzas comprometidas para sensibilizar a nuestras comunidades e interpelar a nuestras autoridades políticas sobre las causas profundas de la migración.
INFOR OCTUBRE 2025
¡EMERGENCIA CLIMÁTICA, ACTUEMOS YA!
En varias tradiciones religiosas y espirituales, al ser humano se le considera criatura de Dios, pero también colaborador en la obra de la creación. Dotado de conciencia, palabra, libertad y creatividad, se llama al ser humano no solo a vivir en la creación, sino también a mantenerla, hacerla crecer y cuidarla. «Llenad la tierra y sometedla»[1] nos recuerda nuestra misión de asumir mejor nuestra responsabilidad, y no la dominación destructiva. El ser humano se convierte así en creador y cocreador.
Dia Internacional do Migrante 2025 – Testemunhos e Ações
Partida da marcha pela igualdade em Paris, em 21 de janeiro de 2024 – Crédito: Murielle Becel
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TESTIMONIO DE ACOMPAÑAMIENTO Tres militantes de ACO, Angel, Toni y Maria, sentimos la necesidad de participar en una mentoria de enraizamiento social. Nos pidieron realizar primero como voluntarios que seríamos, un curso de formación, en el que se expuso qué era una mentoria, la realidad de la migración, la Ley de Extranjeria y la misión y objetivos de los acompañantes. Acabado dicho curso, nos asignaron un técnico que tuvimos de referencia y cada mes nos encontrábamos con él para hacer seguimiento y valoración de la mentoria. Se organizó un encuentro donde el técnico nos presentó a Fátima, de 41 años, nacida en Gambia, desde donde había venido hacía tres años. musulmana, dos años viuda y con tres hijos. Vivía una situación dolorosa y difícil, sin papeles y sin trabajo. Los Servicios Sociales le prestaban ayudas y gestionarle la regularización de su situación. Acordamos con ella que nos encontraríamos un dia cada semana unas 4 horas cuando por la mañana dejaba a los niños en la escuela. Durante todo el tiempo mostró mucho interés per aprender el idioma castellano que hablaba poco. Hablaba de sus hijos que más tarde conocimos. Hacíamos gramática, cantos que acompañábamos con guitarra, dibujaba con detalle su país y nos explicaba cómo había sido su vida anterior. No había ido nunca a la escuela porque en su país debía ayudar a su madre a cuidar de sus hermanos pequeños. Le propusimos visitar la ciudad de l' Hospitalet de Llobregat donde ella vivía ahora, los organismos oficiales, los mercados, el cementario, las bibliotecas, le gustaba también visitar alguna iglesia católica. La acompañamos a realizar algunas gestiones cuando ella se veía con dificultades. Una mujer que quería salir de la situación que vivía de incertidumbre, angustia, fragilidad y de una inseguridad y dolor que había sufrido. Valiente, inteligente, respetuosa, que mostraba muchos deseos de participar socialmente, con mucha dignidad y deseando trabajar y dar lo mejor a sus hijos. Cada vez nos expresaba más sus sentimientos, preocupaciones y miedos. Intentabamos escucharla, consolarla y estar a su lado, muchas veces en silencio. Nuestra experiencia como acompañantes nos cambió, aprendimos a tener paciencia, prudencia, a respetar a la persona y sus ritmos. El hecho de tener contacto con personas de otras religiones, como la musulmana, refuerzó las propias creencias en un Dios próximo. Las culturas son relativas y los nombres que se dan a la divinidad son diferentes, pero la realidad es la misma. Nos hizo pensar en las migraciones y a ser más conscientes de los sufrimientos de los migrantes y, por tanto, a superar etiquetas y generalizaciones. Ellos y ellas como migrantes encarnan a Dios. Los tres compartimos el Evangelio de Lucas 5,17-25 sobre la curación de un paralítico. Sabíamos que estábamos caminando juntos, aprendiendo a ser equipo: a ser constantes, tener confianza, ser libres para expresar lo que sentíamos, respetar y complementarnos. La litera no se hacía pesada porque el camino era compartido y aunque viviendo la impotencia, queríamos tener los ojos y el corazón puestos en la esperanza. Intentábamos también ser conscientes de nuestras parálisis. Pasados unos meses de la finalización del acompañamiento a Fátima, inicíamos de nuevo otro acompañamiento a una mujer de 67 años, cristiana ortodoxa, refugiada de Ucraina y que tenía a su hijo en el frente y a su familia sufriendo la guerra. Vivimos con ellas dos lo que significaba su fe en un Dios que es Padre-Madre y que las hacía ser tan valientes y confiadas en su Amor.
Maria Martínez Rojas |




